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lunes, agosto 14, 2006

Día 4: El Parque Nacional Yosemite.

7 de la mañana, amanece en Modesto, que no es poco, el calor que nos recibe al salir de la habitación casi nos deja en el sitio, parece mentira como ha aumentado la temperatura en cuanto nos hemos alejado de la costa, y todavía nos íbamos a adentrar bastante más.

Nos dirigimos al Parque Nacional de Yosemite con la idea de entrar por la carretera 120, pero a falta de 10 km nos encontramos con esto:

Carretera cortada por desprendimiento.

Los carteles indicaban la ruta para llegar a la otra entrada, pero el GPS ayudado por Raúl nos indicó otro camino, un “atajo” por el que podíamos ahorrar 1 hora y en contra de todo sentido común, le hicimos caso.

Describir el atajo como un camino de cabras es ser demasiado generoso. Una senda, por el que casi no entraba un coche, entre los bosques que rodean al parque, con la única compañía de la fauna salvaje que no paraba de preguntarse que demonios hacíamos allí.

Por cierto, que visto el tamaño de las piñas (más grandes que un melón) podemos considerarnos afortunados de no haber conocido a la fauna de la zona, exceptuando algunas ardillas y una liebre.

Y aunque parezca mentira, a pesar de los baches, subidas y bajadas, conseguimos llegar a nuestro destino sin dejar los bajos del coche por el camino.

Una vez en el parque empezamos viendo las Secuoyas gigantes, no son las de Secuya Park, pero no tienen nada que envidiarles.

Vimos una secuoya lovecraftiana, lo gracioso es que una niña de unos 10 años le dijo a su padre: Mira papa parece un pulpo, que cerca estaba :-D

Nos acercamos a ver una secuoya bastante conocida, tiene un agujero en medio del tronco por el que pasa la carretera y los coches. Desgraciadamente había muerto en 1969 y lo que es peor la habían derribado.

Tenía que haber sido algo como esto:

Pero aún más grande

Y lo que vimos fue:

Aunque hay que reconocer que una secuoya derribada es algo impresionante:

Una cosa curiosa del parque es que los carteles que indican las distancias a los sitios, no son muy precisos, o nosotros éramos incapaces de seguir el sendero correcto, porque por mucho que el cartel indicará 1´5 millas nosotros siempre acabábamos andando 3 millas hasta que llegábamos a los sitios.

Una vez vistas las secuoyas no dirigimos a la parte del parque donde se encuentran las cataratas, y para que no echáramos de menos España estaban haciendo obras en la carretera, con lo cual tuvimos que soportar el típico atasco.

Y como llegamos a las 14:30 al único restaurante de la zona, ya habían terminado el horario de comidas, por lo que tuvimos que asaltar una especie de supermercado y comer en el coche.

Por fin llegamos a las cataratas y la verdad es que eran dignas de verse.


Tras verlas nos pasamos por el centro de visitantes donde tenían una maqueta del parque bastante lograda:

Después de verlas nos dirigimos a la salida, mientras seguimos disfrutando de la belleza del lugar.

Para que luego digan que mis fotos son sólo paisajes sin personas :-D

Y de unos preciosos lagos:

Cuando ya pensábamos que habíamos dejado atrás las sorpresas del día nos encontramos con el penúltimo representante de la fauna local que salio a despedirnos, un hermoso ciervo, en medio de la carretera, al que por poco mandamos a reunirse con la madre de Bambi. Toda la carretera del parque está llena de señales de peligro ciervos y no estaban en balde.

A eso de las 19:30 cuando ya estábamos buscando un sitio para cenar (no íbamos a cometer dos veces el mismo fallo, por lo menos en el mismo día) aparcamos en una zona, en teoría, con restaurante, que obviamente ya estaba cerrado. Pero en la zona del aparcamiento pudimos ver a dos preciosas crías de ciervos, desgraciadamente se asustaron y cuando salimos del coche ya habían desaparecido en el bosque.

Por suerte, a la salida del parque encontramos una especie de posada donde a pesar de la hora, 20:00 aproximadamente, todavía daban de cenar, cerraban sobre las 21:00.

Y por fin llegamos a Bishop (a quien diablos se le ocurriría llamar Obispo a una ciudad) donde pillamos hotel para pasar la noche, a pesar de que la chica de recepción era bastante corta y el bueno de Ignacio tuvo que repetirle todo unas cuantas veces.

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